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jueves, 20 de enero de 2011

La Lucha continua por el cambio de figura en este enorme espacio natural más de 5 millones de hectáreas


Parque Nacional Indigena El Caura
"El cambio de figura de Reserva forestal El Caura a Parque Nacional Indigena El Caura. Más grande del Mundo en Selva Tropical Húmeda y más valioso en protección de la diversidad biológica del planeta "
Se hace necesario este cambio de figura para la continuidad de la vida, la conservación de las especies, la garantia de alimentos ya que de estas selva depende nuestras lluvias que riegan nuestros cultivos en todo el país.


Biocapacidad

La biocapacidad se define como la capacidad de un área específica biológicamente productiva de generar un abastecimiento regular de recursos y de absorber los desechos resultantes de su consumo.

Como vimos los ciclos humanos o artificiales necesitan de los ecosistemas naturales tanto para obtener sus recursos como para procesar sus residuos.

En vista del uso desmedido de los recursos naturales y aumento de la población esta relación ha sido ya sobrepasada en 1986, cuando la demanda humana de recursos y servicios del ecosistema superó la capacidad de renovación de la biósfera, siendo los componentes de mayor impacto identificados, el uso de combustibles fósiles y el aumento de la utilización de terrenos para la agricultura.

El Informe Planeta Vivo de la WWF en 2008, concluyó que de seguir con el ritmo actual de pérdida de biodiversidad y consumo de recursos y servicios naturales, se necesitará de 2 planetas en el año 2030 para mantener nuestro estilo de vida actual.

El informe de Evaluación de Ecosistemas del Milenio, establece tres pautas necesarias para alcanzar la meta de conservar los ecosistemas y sus servicios:

* Los servicios que generan los ecosistemas son la base del bienestar humano.
* Del buen funcionamiento de los ecosistemas acuáticos y terrestres del planeta depende el futuro económico, social, cultural y político de las sociedades humanas.
* Debemos ser capaces de evaluar las funciones y servicios de los ecosistemas y gestionar su capital natural con rigor científico y legitimidad política.

Bioconstrucción

Un de las respuesta en el ámbito de la arquitectura es la Bioconstrucción que se caracteriza por utilizar materiales de bajo impacto ambiental o ecológico, extraíbles mediante métodos simples y de bajo costo o consumo, generalmente de origen orgánico, que por lo general facilitan el intercambio de humedad entre la vivienda y la atmósfera. Se excluye totalmente elementos nocivos para la salud como asbesto, poliuretano, compuestos con cloro o PVC. Los recubrimientos y pinturas son a base de agua o aceites o ceras naturales.

Se evita la utilización de elementos estructurales de acero, hormigón pretensado, prevaleciendo los muros autosoportados.
Ciclos humanos

En los ecosistemas naturales solo es necesario de la energía del sol u otra fuente de calor o luz para poder existir y sustentarse por si mismo.

Todo ecosistema artificial necesariamente es mantenido directa o indirectamente por ecosistemas naturales, por ende no son autosustentables de aquí surge la necesidad de comprender la interacción entre ambos.

Como producto de la actividad humana se generan residuos y desechos los cuales no pueden ser procesados por los ciclos biológicos y/o naturales.

Gran parte son liberados sin tratamiento alguno particularmente cuando se trata de compuestos gaseosos, líquidos, solubles en agua o en combinación con otros.

La falta de gestión genera directamente un impacto ambiental degradando progresivamente las condiciones abióticas del ecosistema afectando directamente el equilibrio de las poblaciones.

Para el caso de residuos sólidos los sistemas de gestión tradicional son el vertido, la incineración, el reciclaje y la recuperación.

Cuando hablamos de ecología quizás lo que más suena en el mercado es el reciclaje, realmente este método solo genera ahorros y reduce el impacto en el ciclo de obtención de la materia prima dista bastante de generar algún tipo de eficiencia en la producción y uso.

Realmente hoy en día en el ámbito de la construcción es muy poco lo que se recupera de las demoliciones para el reciclaje, particularmente porque los diseños no fueron concebidos con dicho fin, quedando entonces acotado a la recuperación de metales, particularmente hierro, acero y aluminio.

Para la Arquitectura Sustentable la demolición o recupero es parte del diseño y está íntimamente ligado a la selección de materiales, vida útil de los mismos y métodos de construcción aplicados en la fase inicial del proyecto y planificación del mismo.

Ciclos Naturales

Por lo general algunos componentes y elementos abióticos que forman parte de un ecosistema son esenciales para la vida y cumplen ciclos en los cuales son transformados y renovados constantemente.

Los principales ciclos en orden de importancia son:

Ciclo del carbono-oxígeno.

Ciclo del agua.

Ciclo del nitrógeno


Ciclo del carbono-oxígeno.

La vegetación absorbe dióxido de carbono de la atmósfera el cual es utilizado para formar compuestos orgánicos como la glucosa, en este proceso parte del oxigeno es liberado, en el proceso de respiración el oxígeno se combina con nutrientes para poder obtener energía liberando dióxido de carbono cerrando el ciclo. Conclusión directa, si la población mundial aumenta necesitamos incorporar mayor superficies verdes, reducir la producción de CO2 en la producción de energía y calefacción principalmente.

Ciclo del agua.

El agua es el elemento más abundante en la superficie terrestre encontrándolo en estado sólido, líquido y gaseoso en la atmósfera. También es el mejor solvente, lo que implica que que difícilmente lo encontremos en estado puro en la naturaleza aún en el agua de lluvia dado que se combina con óxidos gaseosos para la formación de ácidos. Otras de las características particulares es su alta capacidad calorífica cincuenta veces superior a la del aire, lo que resulta un factor moderador del clima. El agua absorbe la energía solar elevando su temperatura hasta cambiar de estado líquido a gaseoso, en este proceso absorbe energía unas 539Kcal por litro, esta característica se conoce como calor latente también presente en el proceso de fusión (pasaje de sólido a líquido) la cual utiliza unas 79,9 Kcal por litro. Luego en la medida que se eleva en la atmósfera se enfría, dependiendo de las condiciones climáticas y circulación se precipita en forma de lluvia, nieve o granizo. Luego la misma se escurre directamente o por deshielo, parte es absorbida por el terreno hacia las capas bajas de la tierra formando ríos subterráneos o mantos acuíferos arrastrando minerales hacia ríos, lagos, mares y océanos cerrando el ciclo.

Ciclo del nitrógeno.

El 78% del aire que respiramos está compuesto por nitrógeno; como gas no puede ser absorbido por los organismo, sino hasta ser convertido en nitratos e incorporados como nutrientes, este proceso generalmente lo realizan bacterias nitrificantes presente en los suelos, luego son absorbido por las plantas y liberado este luego en el proceso de descomposición.

A primera vista este ciclo pareciera no tener vinculación con la Arquitectura, pero no es así, por lo general las capas superiores compuestas por material orgánico y pobladas de bacterias nitrificantes son las primeras removidas en una obra y mezclada con otros sustratos modificando su calidad o desapareciendo totalmente.
DESARROLLO SUSTENTABLE

El desarrollo sostenible surge como una manera de responder las exigencias de la comunidad mundial de promover y fortalecer el desarrollo social, económico, la protección de medio ambiente, erradicar la pobreza, buscar la equidad social, respetando la dignidad humana, promoviendo el bienestar y la cultura, protegiendo la biodiversidad y habitas naturales.

Según la Declaración de Río de 1992, el desarrollo sustentable o sostenible es aquel que satisface "las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades".

La misma fue ratificada y ampliada en el 2002 en la Declaración de Johannesburgo, titulada Desde nuestro Origen hasta el Futuro.

Los tres pilares fundamentales del desarrollo sostenible: entorno, economía y sociedad; se entrelazan entre sí en un triángulo que es dinámico y que debe adaptarse acorde a la región y área de desarrollo. También depende de la problemática que aqueje a ese determinado espacio, factores intervinientes y características de dicho territorio.

El desarrollo sostenible es un proceso integral que exige a los distintos actores de la sociedad compromisos y responsabilidades en la aplicación del modelo económico, político, ambiental y social, así como en los patrones de consumo que determinan la calidad de vida, satisfacer la demanda de las necesidades básicas como agua, alimento, vivienda, abrigo como de bienestar general.

Trabajar por el desarrollo sustentable implica avanzar simultáneamente en varias dimensiones: económica, humana, cultural, ambiental, ecológica, institucional y tecnológica entre otras.

Dimensión económica: El desarrollo económico desde la perspectiva de la sustentabilidad no puede basarse en la viabilidad de un proyecto sin considerar el impacto social, humano y ambiental. En este esquema lo que cuenta, mas allá del aumento sostenido de la producción, es la calidad del servicio o producto que se presenta, la puesta en marcha de procesos de producción más limpias, eficientes y agregación de valor a la materia prima.

Dimensión humana: El desarrollo sustentable se orienta hacia una mejor calidad de vida, satisfacer las necesidades básicas humanas, superar la pobreza y alcanzar la equidad de la distribución de los recursos en función de las necesidades. Esto no necesariamente implica aumento de la producción en bienes dado que esto pudiera derivar en sobreproducción o sobreexplotación de recursos.

Dimensión cultural: La cultura son patrones explícitos e implícitos que definen conductas, prácticas, normas, reglas que regulan el comportamiento humano; como tales tiene un alto impacto en el desarrollo de una sociedad y la adopción de modelos.

Dimensión ambiental: No es posible concebir el desarrollo ni la vida humana sin el sustento de los recursos naturales. El hombre y las sociedades forman parte de los ecosistemas. Los modelos de desarrollo están inevitablemente vinculados al entorno y lo modifican, el punto radica en integrarse a los ciclos naturales al punto que el mismo pueda ser soportado, garantizando su reposición.

Dimensión institucional: Los sociedades se organizan adoptan sistemas de representación, definen normativas, leyes, políticas que determinan el desarrollo, por ende es fundamental que las mismas se encuentren alineadas al concepto de desarrollo sustentable.

Dimensión tecnológica: en este ámbito es necesario la búsqueda de tecnologías y prácticas más eficientes y limpias que satisfagan la demanda de una demografía en aumento.
Crisis ecológica y lucha política: la alternativa ecosocialista
19/01/11
Por Michael Lowy y Samuel González

Las distintas crisis que hoy enfrenta la humanidad a nivel mundial resultan de un mismo fenómeno: un sistema que transforma todo –la tierra, el agua, el aire que respiramos, la naturaleza, los seres humanos- en mercancía; que no conoce otro criterio que no sea la expansión de los negocios y la acumulación de beneficios para unos cuantos. El ecosocialismo es una reflexión crítica. Critica la ecología no anticapitalista, la ecología capitalista o reformista, que considera posible reformar el capitalismo, llegar a un capitalismo “verde” más respetuoso al medio ambiente. El ecosocialismo implica tambien una crítica profunda, una crítica radical de las experiencias y de las concepciones tecnocráticas, burocráticas y no ecológicas de construcción del socialismo.

“Nada ha corrompido tanto a la clase obrera alemana como la idea de que se movía en el sentido de la corriente. Consideraba los desarrollos tecnológicos como el sentido de la corriente en el que avanzaba. De ahí no había más que un paso hasta la ilusión de que el trabajo fabril que supuestamente tendía al progreso tecnológico constituía un logro político” - Walter Benjamin.

Durante siglos cada sociedad ha desarrollado un complejo y particular entramado de relaciones con la naturaleza. De entre los distintos vehículos que ha establecido la humanidad en su relación con la naturaleza, la técnica, sin duda alguna, es una pieza angular al ser ésta la encargada de delimitar y modelar, a través de instrumentos y relaciones sociales, la dinámica con la cual cada cuerpo social se apropia y se relaciona con la naturaleza, y a su vez consigo mismo.

Cada conjunto de relaciones que la humanidad establece con la naturaleza proyecta, a su vez, cada fracción de las relaciones humanas establecidas en la sociedad. Dentro de este complejo cosmos, existe igualmente un sistema de ideas, encargado de justificar la dinámica social, las cuales constituyen una serie de estructuras mentales que modelan la forma de concebirnos frente a la naturaleza y frente a nosotros mismos.

En este sentido es que la modernidad inauguraría un curso completamente radical para construir y conceptualizar dicha relación. La sociedad industrial moderna trataría de modelar el medio ambiente a imagen y semejanza suya, para lo cual el desarrollo de la técnica se convertiría en esa promesa efectiva para la realización del paraíso industrial.

De esta forma, la libertad moderna en la sociedad capitalista fue concebida como dominación de lo natural en contraposición a las contingencias del ambiente. Para poder liberarse había que descubrir y dominar a la naturaleza -este ha sido precisamente el paradigma de la técnica capitalista y lo que tiene como consecuencia la degeneración de la ciencia que opera bajo los parámetros de la ganancia-.

La subsunción de la modernidad al orden del capital conjuraría las aspiraciones modernas condenándolas a la lógica de la valorización de valor, a su racionalidad puramente instrumental. La aspiración moderna de construir nuestra propia historia quedaría sellada dentro de las promesas formales del Estado, la ciudadanía y la propiedad, las cuales promoverían una supuesta sociedad democrática en donde todos seriamos iguales y en donde todos tendríamos el derecho a ser poseedores. Sin embargo la realidad haría evidente que son las minorías, dueñas del capital, las que decidirían por las mayorías, evidenciando cómo es que la sociedad capitalista tiene, como punto de partida para su estructuración al individuo, pero no cualquier individuo sino aquel que es propietario de los medios de producción.

La sociedad capitalista ha instaurado una dinámica presidida por el deseo de dominar la naturaleza mediante la técnica, convirtiéndola en una mercancía más que podría contribuir a de la acumulación privada de capital. En esa medida, la lógica de las sociedades capitalistas constituye una relación con la naturaleza que expresa la enajenación del ser humano, extrañado de sí mismo y de la naturaleza, a la cual enfrenta como externalidad que le repele. El metabolismo naturaleza-humanidad trascurre así en una dinámica de destrucción y degeneración, de caos y vaciamiento. Por supuesto esta situación está llegando a su límite.

Las distintas crisis que hoy enfrenta la humanidad a nivel mundial resultan de un mismo fenómeno: un sistema que transforma todo – la tierra, el agua, el aire que respiramos, la naturaleza, los seres humanos- en mercancía; que no conoce otro criterio que no sea la expansión de los negocios y la acumulación de beneficios para unos cuantos. Sin embargo, este conjunto de crisis son aspectos interrelacionados de una crisis más general, la crisis de la moderna civilización industrial.

Hoy, sin embargo, el proceso de devastación de la naturaleza, de deterioro del medio ambiente y de cambio climático se ha acelerado a tal punto que no estamos discutiendo más sobre un futuro a largo plazo. Estamos discutiendo procesos que ya están en curso, la catástrofe ya comenzó, esta es la realidad y estamos en una carrera contra el tiempo para intentar frenar y contener este proceso desastroso.

¿Cuáles son las señales que muestran el carácter cada vez más destructivo del proceso de acumulación capitalista a escala global? El más obvio, y peligroso, es el proceso de cambio climático; un proceso que resulta de los gases de efecto invernadero emitidos por la industria, el agro-negocio y el sistema de transporte existentes en las sociedades capitalistas modernas. Este cambio tendrá como resultado no sólo el aumento de la temperatura en todo el planeta, sino también la desertificación de tierras, problema que en la actualidad tiene efectos devastadores sobre la población del tercer mundo, la elevación del nivel del mar, la desaparición de ciudades enteras –Hong-Kong, Río de Janeiro– debajo del océano y la desaparición de ecosistemas enteros. Todo ello nos acerca fatalmente a lo que probablemente será la sexta mega extinción de la vida sobre el planeta Tierra.

Todo esto no resulta del exceso de población, como dicen algunos, ni de la tecnología en sí abstractamente, ni tampoco de la mala voluntad del género humano. Se trata de algo muy concreto: de las consecuencias del proceso de acumulación del capital, en particular de su forma actual, de globalización neoliberal que ha descansado sobre la hegemonía del imperio norteamericano. Este es el elemento esencial, motor de este proceso y de esta lógica destructiva que corresponde a la necesidad de expansión ilimitada –aquello que Hegel llamaba “mal infinito”- de un proceso infinito de acumulación de negocios, acumulación de capital que es inherente a la lógica del capital.

Luego, la cuestión que se coloca es la necesidad de una alternativa que sea radical. Las alternativas de soluciones “moderadas” se revelan completamente incapaces de enfrentar este proceso catastrófico. El llamado Protocolo de Kioto tiene alcances muy limitados, casi infinitamente limitados del que sería necesario, y aún así, el gobierno norteamericano, principal contaminador, campeón de la contaminación planetaria, se rehúsa a firmarlo.

El Protocolo de Kioto, en realidad, propone resolver el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero a través del llamado “mercado de los derechos de contaminación”: Las empresas que emiten más CO2 van a comprar otras, que contaminan menos, derechos de emisión. ¡Esto sería la solución del problema para el efecto invernadero! Obviamente, las soluciones que aceptan las reglas del juego capitalista, que se adaptan a las reglas del mercado, que aceptan la lógica de expansión infinita del capital, no son soluciones y son incapaces de enfrentar la crisis ambiental –una crisis que se transforma, debido al cambio climático, en una crisis de sobrevivencia de la especie humana-.

La conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de diciembre de 2009 fue el ejemplo más clamoroso de la incapacidad -o de la falta de interés- de las potencias capitalistas para enfrentar el dramático desafío del calentamiento global. La montaña de Copenhague desenmascaró el engaño: se trató de una miserable “declaración política” sin ningún compromiso concreto y cifrado únicamente en la reducción de las emisiones con efecto invernadero; y el peligro de que este mismo fenómeno se repita en Cancún este mismo año es inminente.

Necesitamos pensar, por lo tanto, en alternativas radicales que se coloquen en otro horizonte histórico, más allá del capitalismo, más allá de las reglas de acumulación capitalista y de la lógica de lucro de mercancías. Como una alternativa radical es aquella que va a la raíz del problema, que es el capitalismo; esa alternativa es, para nosotros, el ecosocialismo: una propuesta estratégica que resulta de la convergencia entre la reflexión ecológica y la reflexión socialista.

Existe hoy a escala mundial una corriente ecosocialista, hay un movimiento ecosocialista internacional que recientemente, por ocasión del Foro Social Mundial de Belem (enero de 2009) publicó una declaración sobre el cambio climático, la cual formó parte del extenso y rico universo de protesta en Copenhague y lo seguirá haciendo en ocasión de la COP 16 en México.

El ecosocialismo es una reflexión crítica. En primer lugar, crítica la ecología no anticapitalista, la ecología capitalista o reformista, que considera posible reformar el capitalismo, llegar a un capitalismo “verde” más respetuoso al medio ambiente. De este modo, el ecosocialismo implica una crítica profunda, una crítica radical de las experiencias y de las concepciones tecnocráticas, burocráticas y no ecológicas de construcción del socialismo. Eso nos exige también una reflexión crítica sobre la herencia marxista en el campo de la cuestión del medio ambiente.

Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista. Tal crítica nos parece completamente equivocada: al hacer la crítica del fetichismo de la mercancía, es justamente Marx quien coloca la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más y más mercancías es el objeto fundamental de la economía y de la sociedad.

El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, pero sí reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida política, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo y, notablemente, del productivismo capitalista. En el primer volumen del El Capital, Marx explica cómo el capitalismo agota no sólo las fuerzas del trabajador, sino también las propias fuerzas de la tierra, agotando las riquezas naturales. Así, esa perspectiva, esa sensibilidad, está presente en los escritos de Marx, sin embargo no ha sido suficientemente desarrollada.

Desde esta perspectiva el reto ecológico que enfrentan las clases subalternas es precisamente lograr subvertir eso que Marx criticó: la lógica individualista y enajenante del capital, la fetichización de la mercancía, con el objetivo de erradicar la cosificación del sujeto y de la naturaleza, logrando sentar las bases para la construcción de una nueva lógica para esta relación. Por ello, es necesario construir una crítica radical a la técnica capitalista, lo cual implica comprender que son también los instrumentos técnicos portadores de la dinámica de devastación ecológica, y ello exige reinventar no sólo las relaciones sociales en torno a los instrumentos sino a los instrumentos mismos.

Esta visión asume conscientemente que las fuerzas productivas existentes no son neutras: ellas son capitalistas en su dinámica y su funcionamiento, y por lo tanto son destructoras de la salud de las personas, así como del medio ambiente. La propia estructura del proceso productivo, de la tecnología y de la reflexión científica al servicio de la tecnología mercantil y de ese aparato productivo, se encuentran enteramente impregnadas por la lógica del capitalismo y conduce inevitablemente a la destrucción de los equilibrios ecológicos del planeta que son completamente incompatibles con los ciclos infernales del capital.

Lo que se necesita, por consiguiente, es una visión mucho más radical y profunda de lo que debe ser una revolución socialista. Se trata de transformar no sólo las relaciones de producción y las relaciones de propiedad, sino la propia estructura de las fuerzas productivas, la estructura del aparato productivo. Esto es, en nuestra concepción, una de las ideas fundamentales del ecosocialismo.

Hay que aplicar al aparato productivo la misma lógica que Marx pensaba para el aparato de Estado a partir de la experiencia de la Comuna de Paris, cuando el dijo lo siguiente: los trabajadores no pueden apropiarse del aparato del Estado burgués y usarlo al servicio del proletariado, no es posible, porque el aparato del Estado burgués nunca va a estar al servicio de los trabajadores. Entonces, se trata de destruir ese aparato de Estado y crear otro tipo de poder.

Esa lógica tiene que ser aplicada también al aparato productivo: el cual tiene que ser, sino destruido, al menos radicalmente transformado. Este no puede ser simplemente apropiado por las clases subalternas, y puesto a trabajar a su servicio, pues necesita ser estructuralmente transformado. A manera de ejemplo, el sistema productivo capitalista funciona sobre la base de fuentes de energía fósiles, responsables del calentamiento global ­el carbón y el petróleo– de modo que un proceso de transición al socialismo solo sería posible cuando hubiera la sustitución de esas formas de energía por energías renovables, que son el agua, el viento y, sobre todo, la energía solar.

Por eso, el ecosocialismo implica una revolución del proceso de producción, de las fuentes energéticas. Es imposible separar la idea de socialismo, de una nueva sociedad, de la idea de nuevas fuentes de energía, en particular del sol – algunos ecosocialistas hablan del comunismo solar, pues entre el calor, la energía del Sol y el socialismo y el comunismo habría una especie de afinidad electiva.

Es por ello que en la actualidad los movimientos sociales tienen la necesidad de repensar la relación humanidad-naturaleza, teniendo presente que un cambio radical para esta relación debe contemplar una transformación no sólo en la forma de concebir el proceso productivo, pues una nueva forma de relacionarnos implica, necesariamente, una nueva técnica cuya lógica debe construirse desde la comunidad y para los intereses de esta, los cuales deben contemplar conscientemente la preservación de la vida en el planeta.

Pero un cambio radical a favor de la preservación de la vida en el planeta debe ser un cambio social, democrático y comunitario. Y para esto es primordial hacer estallar la cárcel de la valorización de valor, localizada precisamente en la propiedad privada de los medios de producción y la mercantilización del mundo social y natural, lo cual se expresa en la gestión privada y autoritaria de la sociedad y la naturaleza.

La dinámica capitalista de devastación ecológica tiene no sólo el vehículo de la técnica, sino también el de la propiedad privada que articula un sistema fundamentado en la gestión privada y enajenada de los recursos. Esto exige un cambio radical en la propiedad y gestión de los recursos que debe avanzar, como lo ejemplifican las luchas en América Latina, hacia la perspectiva de gestión comunitaria y territorial de los recursos.

Pero no basta tampoco transformar el aparato productivo y los modelos de propiedad, es necesario transformar también el patrón de consumo, todo el modo de vida en torno al consumo, que es el patrón de capitalismo basado en la producción masiva de objetos artificiales, inútiles, y peligrosos. La lista de productos, mercancías y actividades empresariales que son inútiles y nocivas a los individuos es inmensa. Tomemos un ejemplo evidente: la publicidad. La publicidad es un desperdicio monumental de energía humana, trabajo, papel, árboles destruidos para gasto de papel, electricidad etc., y todo eso para convencer al consumidor de que el jabón “X” es mejor que el jabón “Y” –es un ejemplo evidente del desperdicio capitalista-.

Por eso se trata de crear un nuevo modo de consumo y un nuevo modo de vida, basado en la satisfacción de las verdaderas necesidades sociales que es algo completamente diferente de las presuntas y falsas necesidades producidas artificialmente por la publicidad capitalista. De ello se desprende pensar la revolución ecosocialista como una revolución de la vida cotidiana, como una revolución por la abolición de la cultura del dinero impuesta por el capitalismo.

Una reorganización del conjunto de modo de producción y de consumo es necesaria, basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las necesidades reales de la población y la defensa del equilibrio ecológico. Esto significa una economía de transición al socialismo, en la cual la propia población – y no las “leyes de mercado” o un Buró Político autoritario- decidan, en un proceso de planificación democrática, las prioridades y las inversiones.

Esta transición conduciría no sólo a un nuevo modo de producción y a una sociedad más igualitaria, más solidaría y más democrática, sino también a un modo de vida alternativo, una nueva civilización ecosocialista más allá del reino del dinero, de los hábitos de consumo artificialmente inducidos por la publicidad, y de la producción al infinito de mercancías inútiles.

Podríamos quedarnos sólo en eso, pero seremos criticados como utópicos, los utópicos son aquellos que presentan una bella perspectiva del futuro, y la imagen de otra sociedad, lo que es obviamente necesario, pero no es suficiente. El ecosocialismo no es sólo la perspectiva de una nueva civilización, una civilización de la solidaridad- en el sentido profundo de la palabra, solidaridad entre los humanos, pero también con la naturaleza-, es también una estrategia de lucha, desde ya, aquí y ahora. No vamos a esperar hasta el día en que el mundo se transforme, no, nosotros vamos a comenzar desde ya, ahora, a luchar por esos objetivos.

Así, el ecosocialismo es también una estrategia de convergencia de las luchas sociales y ambientales, de las luchas de clases y de las luchas ecológicas, contra el enemigo común que son las políticas neoliberales, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el imperialismo americano y el capitalismo global. Este es el enemigo común de los dos movimientos, el movimiento ambiental y el movimiento social. No se trata de una abstracción.

Contrario a lo que muchos quisieran, la crisis ecológica actual es un problema de lucha de clases, pues la dinámica que ha producido esta catástrofe es el resultado de una estructura social en donde las minorías deciden cómo es que se gestiona la industria y en general la producción social en función de interés privados, por eso nuestras estrategias de lucha deben tener presente este aspecto.

La crisis de civilización, dentro de la cual el problema ecológico es central, debe solucionarse a favor de las mayorías y de la vida en el planeta, pero esto no podrá ocurrir sin la organización y la acción política de las clases subalternas. Una respuesta popular a los conflictos globales de la humanidad sólo podrá articularse mediante una sólida acción política por parte de las mayorías, que pretenda no sólo resistir sino avanzar en la construcción de otra sociedad y de otra forma de relacionarnos con la naturaleza.

Hasta ahora las experiencias de lucha son invaluables. Frente a la ofensiva depredadora del capital hemos asistido al nacimiento de distintas muestras de resistencia fundamentadas en la organización popular. No debemos perder de vista que la lucha ecológica ha logrado consolidarse gracias a su amplitud y pluralidad, en donde se mezclan y entrecruzan distintas concepciones y prácticas culturales de los distintos pueblos del mundo.

La experiencia de la lucha indígena en América Latina es uno de los ejemplos más avanzados. En Bolivia, por ejemplo, desde hace años miles de indígenas lograron irrumpir en la escena política en defensa de las condiciones sociales, la preservación del territorio y la conservación de los recursos. Esta lucha ha logrado evolucionar hasta cuestionar los fundamentos sobre los cuales el Estado está organizado en su país, exigiendo su refundación partiendo del reconocimiento a los diversos grupos indígenas y procurando la conservación de la naturaleza.

En América Latina la lucha ecológica de los campesinos e indígenas, en donde también han participado de manera protagónica estudiantes, mujeres y obreros, se ha convertido rápidamente en una lucha política, de esta manera las luchas por el bienestar comunitario y la lucha por la preservación de los recursos y el respeto a la naturaleza son simultáneas e indisolubles.

La crisis ecológica actual, agudizada por el estallido económico de 2008, ha precipitado las condiciones de lucha política, revelando la conexión estructural entre el conjunto de problemas sociales a nivel mundial y la lógica de la sociedad capitalista. Las respuestas que demos, en esa medida, deben poseer la fuerza y determinación necesarias para cuestionarlo todo, para enfrentar a los gobiernos del capital y sobrepasarlos con poder popular.

La respuesta de las y los explotados y oprimidos del mundo a la crisis ecológica ha evolucionado considerablemente. Muestra de ello, es la reciente Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Madre Tierra realizada en Cochabamba (Bolivia), con la participación de 30.000 delegados indígenas, campesinos, sindicales, ecologistas, de América Latina y de todo el planeta, que denunció claramente al capitalismo como responsable del calentamiento global; así como la última sesión plenaria de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales en México, en donde las conclusiones relacionan directamente la lucha en contra de la devastación ecológica con la necesidad de luchar por un cambio social. Las luchas sociales en contra de la crisis ecológica del capitalismo, a nivel mundial, confirman que una lucha coherentemente ecológica es consecuentemente una lucha anticapitalista, una lucha por una revolución social.

Como estas, hay muchas otras luchas, sea en Francia, India o México y en otros países del mundo entero, en donde cada vez más se da esa convergencia. Pero ella no ocurre espontáneamente, tiene que ser organizada conscientemente por los militantes, por las organizaciones. Es necesario construir una estrategia de lucha que haga converger a las luchas sociales con las luchas ecológicas. Esta nos parece ser la respuesta al desafío, la perspectiva radical de una transformación revolucionaria de la sociedad más allá del capitalismo.

Sabiendo que el capitalismo no va a desaparecer como víctima de sus contradicciones, como dicen algunos supuestos marxistas, ya un gran pensador marxista de comienzos del siglo XX, Walter Benjamin, decía que, si tenemos una lección que aprender es que el capitalismo no va a morir de muerte natural, será necesario acabar con él… Necesitamos de una perspectiva de lucha contra el capitalismo, de un paradigma de civilización alternativo, y de una estrategia de convergencia de las luchas sociales y ambientales, desde ahora plantando las semillas de esa nueva sociedad, de ese futuro, plantando semillas del ecosocialismo.
www.ecoportal.net

Michael Lowy y Samuel González - Revista Memoria (México) - http://rebelion.org/
Huella hídrica y escasez de agua
La amenaza de una escasez mundial de agua

La cumbre de la ONU sobre el cambio climatico que tuvo lugar en Copenhague, no iba a ser un éxito rotundo, pero el resultado fue inferior a escasas esperanzas incluso de Barack Obama para la conferencia.
En el período previo a la COP 15 el Presidente de los EE.UU. dijo repetidamente que no espera que un acuerdo global completo para ser alcanzado, pero los dirigentes del mundo salieron de la capital danesa con mas obstáculos de los que existían antes de que comenzaran las conversaciones.

Como punto alto de la agenda fue la cooperación mundial en el desarrollo de fuentes de energía renovables que podrían ayudar a reducir ela dependencia de los combustibles fósiles, las negociaciones se centraron en la financiación de este desarrollo. Sin embargo, el agua proporciona un hilo que conecta los diferentes impactos del cambio climatico.

La presion mundial del agua dulce

Como se ha dicho durante vario tiempo por la WWF, la presión mundial sobre el agua dulce va en aumento, principalmente a través de cambios en la población mundial y los niveles de ingresos, que han conducido a un aumento en la demanda de productos intensivos en agua, tales como carne, azúcar y algodón.

Es fácil dar por sentada la cantidad de agua que se necesita para producir algunos de los productos más consumidos del mundo. Por ejemplo, para sólo un kilogramo de arroz , más de 3000 litros de agua debe ser utilizada y para un litro de leche que tienen casi 1000 litros de agua.

* La huella hídrica es:

un indicador del uso del agua que se ve en el uso del agua tanto directa como indirecta de un consumidor o productor.

* La huella hídrica de una persona, comunidad o empresa se define como:

el volumen total de agua dulce que se utiliza para producir los bienes y servicios consumidos por el individuo o la comunidad o producidos por la empresa, según lo descrito por WaterFootPrint.org.

El 60% del mundo está en peligro

La ciencia detrás del cambio climático sigue siendo compleja y confusa para la mayor parte de la población mundial, pero lo que no puede discutirse es que la población es cada vez mayor, la industria, el crecimiento económico y la urbanización han creado tensiones adicionales en el suministro de agua limpia y de la disminución de las reservas de agua.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) predice que para el año 2050 alrededor del 60 por ciento de la población mundial va a experimentar una severa escasez de agua, y con el 33 por ciento se cree que ya están en estrés hídrico.

Pero la falta de acceso al agua hará que cambie el entorno económico irreparablemente ya que el agua tiene un papel vital que desempeñar en el sector de la energía (el agua es necesaria para muchas de las fuentes de energía vital presente y futura.) El agua se puede utilizar para mover las turbinas, como refrigerante de la energía nuclear e incluso en la producción de petróleo.

Las implicaciones socio-económicas de una grave escasez de agua a nivel mundial son enormes y están más cerca que nunca de convertirse en una realidad libradas.
EGIPTO CONVIERTE SU DESIERTO EN BOSQUES CON AGUAS RESIDUALES
Bosques hechos a mano

La mano del hombre intenta desafiar a la naturaleza con una iniciativa del gobierno egipcio para regar las zonas desérticas con agua de desecho y convertirlas en bosques, cuya superficie equivale ya al territorio de Panamá.

La diferencia después de la intervención humana es dramática: en el que antes era un paisaje desértico, inhóspito y abrasador ahora hay manchas verdes cubiertas de árboles de alto valor económico como álamos, papiros y eucaliptos. Y esto gracias al agua que utilizan, contaminan y desechan los 80 millones de egipcios todos los días y que, irónicamente, es la mejor para estos llamados bosques 'hechos a mano'.

"Los componentes residuales cómo el notrógeno pueden lograr que un territorio que no sea fértil logre serlo, añadiendo micronutrientes y sustancias orgánicas ricas para la tierra", palabras del profesor del 'Instituto de Investigación de Suelo, Agua y Medio Ambiente' Nabil Kandil, que se dedica al análisis de terrenos desérticos adecuados para la forestación.

Este argumento fué corroborado el profesor del 'Departamento de Investigación de Contaminación del Agua' Hamdy el Awady, quien incluso subraya la superioridad de las plantas regadas con agua residual. "El agua de desecho tiene muchos más nutrientes que el agua normal, por eso es una fuente extra de nutrición que puede lograr que las plantas resistentes a los climas hostiles crezcan más rápido e, incluso, que tengan hojas más verdes".

Egipto verde

Tanto Kandil como El Awady saben bien el valor de equiparar la demanda con la oferta en un país que produce 7 millones de metros cúbicos de agua residual al año y que, al mismo tiempo, tiene el 95% de su territorio cubierto de desiertos estériles o con escasa vegetación.

Hasta ahora, hay 34 bosques a lo largo del país, con un total de 71.400 kilómetros cuadrados, que equivalen a la superficie total de Panamá o Irlanda. Además, de acuerdo con el gobierno egipcio, hay otros diez en proceso de construcción en un área que suma otros 18.600 kilómetros cuadrados.

Según Kandil, "el objetivo es forestar un millón de kilómetros cuadrados", lo que significa volver verde a todo el país, aunque advierte de que si lo logran, será "cuando todos lo que lo proponen ahora hayan muerto".

La mayoría de las plantas cultivadas hasta ahora son árboles de madera como álamos, papiros, casuarinas y eucaliptos, que se siembran para cubrir las necesidades de madera del país, aunque también se han cultivado con éxito granos para producir biocombustibles como la jatrofa y la jojoba, o para fabricar aceites como la colza, la soja y el girasol.

Impacto medioambiental

Obtener el agua de las plantas de tratamiento primario, donde se eliminan los contaminantes sólidos, ha sido lo más barato, especialmente porque los sistemas de irrigación que transportan y bombean el líquido son los mismos que han utilizado los campesinos egipcios durante años.

Aunque esta agua exige precaución debido a que contiene contaminantes y se desconocen los impactos del cambio de ecosistema para la biodiversidad, el proyecto, implementado por el Ministerio de Agricultura en cooperación con el de Asuntos Medioambientales de Egipto, parece ser un negocio completo.

Estos bosques hechos a mano no sólo combaten las sequías, la desertificación y la erosión, dice Kandil. "Sino que, además, aprovechan el agua de desecho, maximizan el beneficio para los agricultores y satisfacen las necesidades de madera de Egipto generando beneficios económicos para el país", añade.
Revelación de wekeleaks sobre los transgénicos

Wikileaks confirma que efecitvamente existe una estrategia conjunta de los gobiernos de España y EEUU a favor de los transgénicos.

Durante más de diez años, el Gobierno de España, ha defendido prácticamente en solitario el cultivo de transgénicos en la Unión Europea y es el único país que ha tolerado su cultivo a gran escala, sin cumplir con las normas europeas y españolas de transparencia, sin seguir los productos a través de la cadena alimentaria, sin obligar a etiquetar los alimentos transgénicos y sin realizar seguimiento alguno de los campos cultivados con estas peligrosas semillas.
Se cultivan entorno a 70.000 hectáreas de un maíz modificado genéticamente de Monsanto, un nombre que junto a otras multinacionales (como Syngenta) sale con frecuencia en los cables que la embajada en Madrid envía a Washington.

Queda confirmado cómo, desde el Gobierno, se ha trabajado para favorecer los intereses de estas empresas. Por tanto, desde las organizaciones Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, COAG, Plataforma Rural y CECU exigimos a la ministra Rosa Aguilar que la política española sobre organismos modificados genéticamente (OMG) deje de estar controlada por las multinacionales y pedimos una moratoria inmediata a su cultivo en España.

La prohibición del cultivo de transgénicos por parte del Ejecutivo español es imprescindible para poder defender los intereses de nuestro medio ambiente, nuestra agricultura y la salud pública, para que éstos no sigan en manos de la industria de los transgénicos, de los intereses de EE UU y de quienes, desde las instituciones españolas, los han apoyado abiertamente, tal y como ha quedado demostrado en los cables de Wikileaks.